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Imagenes en Bogota

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Mas alla del pasaporte con el que troto a menudo por el mundo, caminar por la calle 82 en Bogota hacia la zona Rosa me recuerda que mi alma es fundamentalmente, primariamente sudamericana. Cada vistazo, cada gesto, cada esquina y cada rostro evocan memorias uterinas, indefinibles que me reconectan con esa teta maternal que llamamos "suramericana" cuya leche nutrio mi ADN.    Y aunque es Bogota --puede ser Lima, Buenos Aires, Caracas....-- y no Valparaiso o Santiago, el margen es estrecho como si fuera un error leve en la Matriz, un delicado algorismo, pero es esencialmente lo mismo.    El tocarse descuidadamente, sin permiso, el roce de hombros al pasar, sin atisbos de discupas, cierta inescrutable angustia cotidiana de vivir, de data lejana, registrada en los rostros y yo, como un espectador lejano viendome a mi mismo caminar esas mismas calles con un paquete de verduras frescas en las manos.    Todo es alrededor del cafe, el tintito y ...

El infausto derrotero de Mali

Las torturadas canciones de Portishead, mas ominosas en la voz de ella, en este vuelo nocturno entre Dakar y Paris, solo me recuerdan lo desconocido y confuso en que de pronto parece convertirse el mundo. Quizas sean los capitulos de IQ84 que tomo y dejo segun me dicte el humor, o quizas el recuerdo pegajoso en la retina de las olas verdes del Atlantico desparramando su corona de espuma en las playas de Dakar, pero de pronto las certezas de poder forjar un mundo mejor parecen solo estupidas quimeras adolescentes. Ha pasado mas de un ano desde el golpe de Estado en Mali y desde Enero, tras el advance de  MUJAO y Anser Dine hacia el sur, violando la frontera virtual del Azawad en Mopti, tropas francesas y de ECOWAS han lanzado una contraofensiva tan fulminante como letal contra los insurgentes. Una suerte de complejos calculos geopoliticos han llevado al presidente Hollande a desplegar una fuerza de 4.000 soldados, blindados y aviones de combate en territorio Maliense tras el ...

Desde Essakane (13 Agosto, 2006)

Olía como animal, cada movimiento de sus brazos fuertes era una andanada mortìfera de hedor axilar indescriptible, aumentada por el calor, la humedad y los cuerpos apretujados en la pequeña cabina de la camioneta. Para colmo se me sentó al lado por un corto trecho, pero fue suficiente para revolverme el estómago. Al final uno se acostumbra a todo y en mi caso decidi ignorar los fuertes olores corporales incluyendo el mio propio. En Africa todos los olores son fuertes, los buenos y los malos, todo es extremo, todo parece estar siempre mas alla de lo que uno quisiera ver o entender. Estoy en Essakane un caserío --si así se le puede llamar a un puñado de refugios de paja y barro-- al Norte y al Este de Burkina Faso (BF), a unos 20 kilómetros de la frontera con Níger . y otros tanto de Mali . El poblado más cercano Dori está a 63km al NO. Desde Ougadougou , la capital de BF, hay unos 330km que se hacen en unas 5 horas de viaje en camioneta sobre una ruta en su mayoría asfaltada. Es...

De Congo a la California Colombiana (Sieteleguas, Febrero, 2007)

En 20 minutos debo abordar el Avianca a Caracas. Han sido semanas atrabiliarias estas últimas, trotando el mundo, sitiendo el pulso de los eventos, de continente en continente, arrastrando un jetlag interminable donde a menudo al despertar no sé dónde estoy. Tras Kilo Moto en el Congo, me vine a Denver y me fui a esquiar a Breckenridge como para despercudirme de esos sentimientos negros, desgarradores, que a uno lo abordan siempre en Africa central. El violento contraste entre la opulencia del primer mundo y la pobreza sin límites de los olvidados del tercer mundo, desaparece pronto de mi mente conforme experimento el goce estético de las montañas, la velocidad y la adrenalia sobre la nieve, cuesta abajo, con un frío que me parte la cara. De Denver me fuí a Bogotá via Houston. De Bogotá volé a Bucaramanga, ciudad principal de Santander en en NE colombiano. A la llegada al aeropuerto de Bucaramanga nos esperaba en la loza un Bell 206L3, long ranger. Tras un espectacular vuelo ent...

Recuerdos de Detva, corazones desgarrados

  En este bosque enblanquecido, que solo algunos pájaros parecieran habitar, la luz mortecina de un día invernal apenas atraviesa el apretado enramaje de añosos árboles. Sólo el eco del palpitar del propio corazón en los oidos y el frio que entumece la cara dan cuenta que no es un sueño. Reina un silencio reconfortante que puede también en un tris volverlo loco a uno mientras me detengo a contemplar el paisaje de árboles cuyas delgadas ramas se me figuran dibujadas con un delgado pincel chino. Estoy en Detva, una ciudad pequeña en el Este de Eslovaquia, pero no estoy seguro de ello pues creo que me he perdido. Ayer en Banska Bystrica alguien me contaba que varios miles de soldados rumanos habían muerto en estos bosques combatiendo a los nazis en la segunda guerra mundial. Este pensamiento se apoderó de mí, secuestró mi mente y ahora me ha envuelto en oscuras cavilaciones en este bosque alguna vez cubierto de cadáveres, de sangre e infierno. Estoy perdido en mi mismo. He vuelto...

Sarah

Rob se me acerca justo en el momento en que voy saliendo del garaje a la oficina para conversar y por un segundo siento un fastidio que en otras ocasiones no tendría remilgo en disimular pero que se me diluye instantáneamente al reconocerlo como el buen hombre que es y las circunstancias que creo me va a comentar . -- Había tanta gente en las calles…a toda hora, noche o día….Me dijeron que no saliera a caminar, porque era peligroso…me espetó sin alcanzarle a preguntar qué le había parecido Addis Abbeba, en Etiopía. -- No habían buses, no habían autos, no habían bicicletas, solo caminantes y sabes? todos eran delgados y se veían en buen estado físico… -- Todos muy amables….es una pena, tanta buena gente…. Así son los días y las noches en Africa, multitudes que caminan sin destino aparente, como viviendo en una trampa del tiempo, en otro siglo, en una vida que en   las sociedades opulentas del siglo XXI solo parece relegada a los libros de exploradores, a   los documental...
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Notas de viaje. Conakry, Diciembre 2011 Una mujer llora en el ascensor de servicio, estrecho, sucio y maloliente. Se trata de una empleada del hotel que se ha subido junto con otra mujer en un piso intermedio. No sé por qué llora y no quiero, no puedo, preguntarle por qué llora. Nada puedo hacer, parece desconsolada, por dónde comenzar a deshilvanar su angustia? Me siento impertinente. Le invento una identidad, una vida que dura apenas unos segundos, pero todo se cae a pedazos cuando se bajan en otro piso. He tomado el ascensor de servicio porque en este hotel, el Novotel Ghi, el mejor de Guinea, los ascensores funcionan a medias o mal. Hay mosquitos en su interior y lo que es peor, el ascensor a ratos se atasca por breves segundos cuando se corta el suministro de energía, lo que ocurre varias veces al día en Conakry. Esos segundos de incertidumbre y oscuridad no son agradables. Podemos morir en una caida al vacio pienso. Por fortuna el hotel tiene unos generadores eléctr...